el ARTESONADO de la casa de Gabriel Sánchez



 Una sorpresa de sensaciones encontradas nos espera cuando entramos en una de las salas del Archivo Municipal de Zaragoza.
El traslado de dicho Archivo, antes situado en el antiguo cuartel de Palafox, supuso la rehabilitación del Palacio de Montemuzo y de la Casa Artiach en los años 90 del pasado siglo. Fue una grata noticia recibida con enorme entusiasmo. Además varias de las salas del antiguo palacio rehabilitado se engalanaron con sendas techumbres procedentes de otras casas ya desaparecidas.
Destacando sobre las demás, encontramos el espléndido artesonado que hoy monumentaliza la sala de lectura del Archivo.
Dicho artesonado, imponente por sus dimensiones de 20,13x7,65 metros, era la joya de la casa que Gabriel Sánchez, tesorero del rey Fernando II el Católico, tenia frente al Pilar y sólo podía compararse en belleza  y suntuosidad con aquella que brillando cual soberbio palio corona el Salón del Trono del Palacio de los Reyes Católicos en la Aljafería. En ambos casos encontramos una profusa decoración a base de formas estrelladas y piñas que simbolizan la fertilidad y la inmortalidad.
El propio rey Fernando, al visitar por vez primera la casa de su tesorero, sentenció "demasiada jaula para tan pequeño pájaro"; estaba claro que la ostentación de la que hacia gala su sirviente en su casa no agradaba en absoluto al monarca...
Tan sobresaliente casa, lamentablemente fue demolida, prácticamente en su totalidad, en los años 60 del siglo XIX, derribándose sus magníficos  espacios interiores. Afortunadamente, la techumbre de la sala principal quedo embutida en un falso techo de una parte de la casa que se habilitó de una forma un tanto precaria para viviendas. El fortuito hallazgo se produjo cuando el Ayuntamiento en 1969 se planteó derribar definitivamente lo que quedaba de la primitiva casa y la sorpresa fue mayúscula cuando se encontró la impresionante techumbre mudéjar que había quedado totalmente olvidada. Fue desmontada y se guardó durante décadas en la Aljafería a la espera de un futuro mejor.
Conocida la noticia que dicha obra se montaría en el nuevo Archivo Municipal, lo que dejó sin habla en el momento de la inauguración -muy apurada por motivos electoralistas- fue que se montara apresuradamente sin que se hicieran los necesarios tratamientos de limpieza y restauración. Además y lo más penoso, fue tener que mutilar parte de la techumbre ya que las dimensiones de su actual emplazamiento distaba mucho de ser como el original que tuvo.




 


Os preguntareis que pasó con aquella parte que no pudo acondicionarse en el Archivo. Pues bien, sabido es que algo se perdió entre traslados, montajes y demás. Y que años más tarde en el remozado cuartel de Sangenis, hoy Centro de Rehabilitación, Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural podemos apreciar en todo su esplendor, ahora sí, un fragmento salvado del olvido. Son 9 plafones cuadrados que nos esperan flamantes y exquisitamente restaurados en una de las salas del centro. La parte de jácenas y jaldetas originales aquí no se han conservado, no obstante podemos  contentarnos con apreciar un botón de muestra de lo que fue uno de los más imponentes ejemplos de los trabajos en madera de la arquitectura domestica de la ciudad de las maravillas que era Zaragoza en la centuria del quinientos.




*** Recientemente:
En Abril de 2023 finalizaba la tan ansiada y demandada restauración de tan soberbia techumbre sita en el Archivo Municipal. Han sido años de espera pero finalmente ha recobrado tras meses de impecables trabajos parte del esplendor que tuvo. Podemos apreciar claramente que pese a que tradicionalmente se indica que es un artesonado, realmente estamos ante una techumbre que sigue el esquema constructivo de un alfarje, es decir, un entramado formado por amplias jácenas dispuestas de forma trasversal al plano longitudinal de la sala y que al complementarse con pequeñas jaldetas perpendiculares a éstas, acaban formando grandes cuadrados que se decoran con sendos plafones rehundidos. Todo el conjunto se pinta, se talla y se dora, teniendo como resultado un espacio de una riqueza mayúscula.




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